4 Mar 2026
Parece que fue ayer cuando recibí ese mensaje proponiéndome una entrevista, pero ya ha pasado un año desde que crucé la puerta de Caja Rural de Navarra por primera vez. Si me hubieran dicho entonces todo lo que iba a aprender (y lo rápido que se pasaría el tiempo), probablemente no me lo habría creído.
Hoy me detengo un momento para echar la vista atrás y compartir cómo ha sido este viaje.
El inicio: De la expectativa a la realidad
Desde que tengo uso de razón, recuerdo ir junto a mi familia a la oficina de Caja Rural de Navarra del barrio. Es por ello por lo que prácticamente la conozco de toda la vida. Sin embargo, una cosa es conocerla como cliente y otra muy distinta es descubrirla desde dentro.
Verla desde el prisma del proceso de selección fue una de las cosas que me convenció. Me llamó la atención la cercanía. Recuerdo que nada más salir de la entrevista, llamé a mi madre para contarle lo cómoda que me había sentido. No era la típica entrevista fría, sino una conversación donde buscaban conocer a la persona detrás del currículum.
Mis expectativas, lógicamente eran altas, pero no os voy a engañar: también tenía ese nudo en el estómago por lo desconocido que, sin intención de asustar, me acompañó hasta el primer día.
El torbellino de emociones
Mi primer día fue una mezcla de sensaciones. Tenía muchísimas ganas de empezar, pero los nervios de no saber qué me iba a encontrar (compañeros, clientes, el lío de la operativa diaria...) estaban ahí.
Sin duda, lo que más me sorprendió fue la acogida. No fui "la nueva" que se queda en un rincón. Desde el minuto uno, el equipo se volcó para que me integrara. Detalles como el aperitivo de bienvenida después de la jornada o, sobre todo, la paciencia que tuvieron conmigo para explicarme las cosas más de una vez, fueron lo que de verdad me ayudó a soltar los nervios. Al final, te das cuenta de que todos han pasado por lo mismo.
Un año de "clics" mentales
Si algo he aprendido en estos doce meses es que el sector bancario va mucho más allá de los números, se trata de tratar con personas. Al principio pensaba que lo más difícil sería dominar la parte técnica o la operativa pura, pero me equivocaba. Lo que realmente supone un reto y un aprendizaje constante, es saber amoldarte a cada situación. He descubierto que la empatía y la forma de comunicar las cosas son herramientas tan importantes como cualquier programa informático.
He podido perfeccionar la oratoria y ese “don de gentes” que a veces damos por sentado, pero que en el día a día es la clave para conectar de verdad con cada cliente. Este año me ha servido para ganar muchísima seguridad al comunicar y para aprender a ser más resiliente. Al final, no es solo hablar, sino saber relacionarte y adaptar tu mensaje a lo que cada persona necesita.
Además, este tiempo me ha servido para entender de verdad cómo funciona el engranaje de la Caja. Ha sido un "clic" importante descubrir las diferencias entre el día a día de una oficina y el trabajo que se hace desde los distintos departamentos centrales. Mientras que nosotros somos la cara visible y el trato directo, ellos son el soporte especializado que nos permite dar soluciones. Entender esa conexión entre ambos mundos me ha dado una visión mucho más clara de mi propio trabajo.
Cultura de la de verdad
Se habla mucho de los valores de empresa, pero la prueba de fuego es el día a día. Después de este año, si tuviera que quedarme con lo que de verdad se respira aquí, destacaría los siguientes aspectos:
El compañerismo real. No es una frase hecha. Lo he vivido en momentos de mucho jaleo donde, sin decir nada, siempre hay una mano dispuesta a echarte un cable. Sentir ese respaldo da una tranquilidad enorme.
La cercanía con nombre y apellido. En el día a día ves que lo que haces importa. No gestionas expedientes anónimos, sino que tratas con personas del barrio, negocios locales o proyectos de la zona. Es gratificante saber que tu labor ayuda a que las cosas se muevan en tu entorno más cercano.
Mirando al futuro
Al echar la vista atrás, el "nudo en el estómago" del primer día ha ido dejando paso a una seguridad que solo te da el día a día. Este año me ha servido sobre todo para ganar confianza y darme cuenta de que, con esfuerzo y el apoyo adecuado, los retos que al principio parecen un mundo se acaban gestionando con naturalidad.
Es curioso porque hace un año te sientes pequeña ante ciertos retos o dudas, y de repente te ves mirándolos de frente, con la seguridad de quien sabe que tiene las herramientas y el equipo para resolverlos.
De cara a este segundo año, me hace especial ilusión seguir ampliando mis conocimientos financieros. Me apetece mucho profundizar en temas de ahorro e inversión, pero también entender mejor la fiscalidad y cómo todo esto se traduce en soluciones reales para el día a día. Al final, mi objetivo es tener esa visión global que me permita asesorar con criterio y ayudar a los clientes a planificar su futuro con total confianza.
¿Mi consejo para alguien que empieza mañana? Que no tenga miedo a preguntar. Aquí la curiosidad se agradece y, cuando te sientes respaldada, el miedo a lo desconocido desaparece mucho antes de lo que imaginas.
Miren Otazu. Asesora Financiera. Zizur Mayor
Escrito el 4 de Marzo de 2026 Talento
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